¡Qué número!

¡Auxilio, auxilio, S.O.S., que alguien me ayude! 

¡El número 10 se estaba muriendo! Entonces acudieron en su ayuda el 8 y el 2. Pasó por allí una ambulancia. No paró. Pasó otra; tampoco paró. Después de ver nueve ambulancias, pasó otra, la que hacía el número diez; esa sí que paró. Llevaron al pobre 10 al HOSPITAL NUMÉRICO. Llevarlo fue todo un numerito. 

Después llegaron los amigos que faltaban: el 1, el 3 ,el 4, el 5, el 6, el 7 y el 9. Los médicos le revisaron y diagnosticaron que tenía una enfermedad de difícil curación: la de la risa. Se debía a que era el número que más bromas hacía; por ejemplo:

¿Qué le dice el 1 al 10?
Para ser como yo tienes que ser sincero.

Con chistes como ese todos se partían de risa. Él empezaba a reírse y no paraba. Así que le llevaron a urgencias y le hicieron una operación (al principio nadie tenía claro si una resta o una multiplicación, pero al final se trataba de una división: es que era una enfermedad para partirse). 
 .

Después de dos horas largas, todos sus amigos estaban esperando noticias. La operación salió perfecta (el resto daba cero) y el número 10 pudo irse a casa, porque no tenía décimas; pero sus amigos se habían ido antes para prepararle una fiesta con la que celebrar el éxito de la intervención. Cuando llegó, todos fueron felices y él exclamó: "¡Bieeeeen, ya puedo contar chistes y reírme a gusto... del consumidor!".
Texto: Nuria
Ilustraciones: Paula

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